Una vez pasas de los 14 y te conviertes en una mujercita todo cambia, tus padres aún siguen viendote como una niña pequeña y creen que tienes edad de jugar a las muñecas pero tú ya quieres hacer cosas de "mayores", salir con los amigos por las noches e ir a la disco, dormir en casa de tu mejor amiga... en fin, eso que antes o después hemos echo todos y nos a costado tantas broncas con papá y mamá. Empieza la tontería con los chicos, forras tus carpetas con fotos de cantantes y futbolistas, compras la revista de moda en la que salen los famosos más guapos, sueñas con vivir feliz toda la vida con tu príncipe azul y no tienes otra cosa en la cabeza que la imagen de ese chico que tanto te gusta. Probablemente ese primer amor nunca se dio cuenta de que existías, ahí empiezas a comprender que los cuentos de princesas no siempre terminan con un romántico beso. Por el camino te vas llevando muchas desilusiones y desengaños pero aun así vuelves a enamorarte, una y otra vez, y siempre con la misma ilusión de esa niña que llevas dentro. Al fin encuentras al chico que piensas que está echo para ti, se lo presentas a tu familia y cómo no a tu padre nunca le caerá bien, siempre será poco para su pequeña aunque sea el hombre más encantador que haya conocido, y tendrás que resignarte a esa situación porque no cambiará. Con el paso del tiempo te das cuenta que ese chico que en un principio era tan adorable va dejándolo de ser, simplemente porque lo conocerás mejor y verás todos sus defectos, vicios y manías las cuales odiarás, o quizá porque esas mariposas que sentías dentro de ti con sólo mirarlo ya dejaron de volar. Sabiendo todo eso seguirás con él convenciéndote a ti misma de que lo quieres...
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